noviembre del 91

Cigarrillo tras cigarrillo me ahogo en la nada.
y me quiero contar un cuento para poder reír,
de los minutos que pasan y no soy feliz.

Frente a un espejo, mi cuerpo se mueve queriéndome seducir
para encontrar la revancha de lo conquistado, contando mis fracasos.

Todos los días observo, como la brisa me acaricia el rostro para no llorar,
y al mismo tiempo advierto, como la realidad, aprieta a tal punto,
que solo necesitaría un instante para desfallecer.

En mi habitación sentado en una silla, solo pensaba en vos,
mas tarde, en un papel fluían palabras pretenciosas por querer descifrar
una pregunta que no tenía respuesta.

Sin querer, por esas casualidades,
por la radio escuché una canción
y unas de sus palabras decía, ¡Atrévete!.
No se imaginan como y de repente empecé a reírme a carcajadas.
Y me preguntaba, si lo debía compartir.

Cuantas emociones,
la gente deposita en un cuadro,
y se crucifican creyendo que ese objeto los salvará de sus despojos.

Cuando vendrá ese tierno abrazo para desahogarme hasta el hartazgo
y sentir por fin el placer de ser amado.
Cuando me asaltará ese sentimiento para aplacar las lágrimas de mis ojos
y aliente mis sueños y esperanzas,
y deshacerme de ese bastón invisible que me sostiene,
y mientes, que eres feliz.


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